Aprender de Las Vegas
Judith Castillo
¿Por qué esto le gusta a la gente? se preguntaba la arquitecta y urbanista Denise Scott Brown (Zambia, 1931) estudiando la ciudad de Las Vegas. Mientras que sus colegas de profesión miraban la ciudad con desdén, ella se acercaba, no para aprobar lo que veía, sino para entenderlo (publicado en el libro “Learning from Las Vegas”, 1972).
Hace unas semanas visité la exposición sobre Denise Scott Brown en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Fue una visita con guía, algo que para mí ya en el pasado ha hecho la diferencia entre una exposición «sin más» y algo que me marca, aunque no me gustasen las obras.
En este caso, me quedé enganchada a los dibujos y fotos que representan barrios y ciudades. Me encantó su manera de mirar y su actitud: estar abierta a reconocer el valor de lo que hay.
Junto a su socio y marido Robert Venturi, Scott Brown ha cambiado radicalmente la forma de abordar proyectos de arquitectura y urbanismo y es una de las figuras más influyentes de la arquitectura del siglo XX. A él le entregaron en 1991 el “Pritzker” – el premio más importante de la arquitectura – sin mencionarla a ella. Esto daría para otro post; aquí en éste le voy a mencionar sólo a ella.
En una época en la que se diseñaban edificios y carreteras desde los estudios de arquitectura, desde los escritorios de urbanismo, para proyectarlos sobre la ciudad, Scott Brown estudiaba el entorno antes de intervenir. Analizaba cómo vivía y se movía la gente, cómo se construía su experiencia urbana; el tipo de información que podría parecer ordinaria, sin importancia. Su principio: aprender antes de juzgar.
¿Y para qué contar todo esto aquí?
Creo que el principio de Scott Brown es igual de valioso en las organizaciones.
En cualquier proyecto de cambio en una organización, en un ámbito, puede que haya reuniones, comunicación, e incluso consultas con las personas a las que les va a afectar ese cambio. La intención del cambio suele ser mejorar, modernizar. Pocas veces se hace la pregunta “¿qué funciona aquí que no deberíamos perder?”. Porque hacerla de verdad puede ralentizar y complicar lo que quizás ya estaba decidido. Y quizás porque se cree que lo que va a venir de todas formas es mejor.
El enfoque de Scott Brown le permitió apreciar la complejidad y “vitalidad caótica” del entorno (construido) en lugar de descartarlo como “sin valor”.
Imagina llevar las siguientes claves de su perspectiva a un contexto de cambio en la organización:
- “Posponer” el juicio vs. no juzgar: no se trata de no juzgar, sino de aplazar el juicio para incorporar más información y hacerlo más fino y ajustado.
- Aprender de lo ordinario: Observar lo cotidiano – también lo imperfecto o incómodo (“feo” en palabras de Scott Brown) para entender cómo funciona realmente y sin idealizar lo nuevo, moderno, etc. (enfoque elitista de quién cree saber lo que es mejor).
- Enfoque social: analizar qué factores quizás no tan obvios contribuyen a la experiencia de las personas en lo cotidiano.
No se trata de (poder) tener en cuenta todo lo que se recoja, al igual que un proceso de consulta (o simplemente preguntar a las personas) no significa que todo el mundo vaya a participar en la decisión final. Es importante ser transparente desde el principio sobre qué se va a hacer con lo que se escucha y qué no.
Significa acercarse y escuchar antes de intervenir. Ver qué se puede tener en cuenta. A veces es reconocer el valor de algo que no se va a poder preservar. Eso es más respeto que cualquier proceso de consulta bien empaquetado.
Lo que me llevo de Scott Brown: que algo no tenga el formato “correcto” no significa que no funcione o tenga valor. Pregunta antes de demoler o antes de construir.
¿En tu último proceso de cambio, ¿qué se preguntó antes de intervenir?
Como anécdota, nos contó la guía que Scott Brown, a sus 95 años, viajó desde Pensilvania a Bilbao para presentarse por sorpresa en el museo para esta primera gran retrospectiva dedicada únicamente a ella.
No hace falta que esperes hasta esa edad para verla. Si tienes oportunidad de acercarte, hazlo. Está abierta al público hasta el 31 de mayo de 2026 en el Bellas Artes de Bilbao.
¡Feliz semana!

