Lo que tú nombras, lo nombras para todos/as
Arrate Iraolagoitia
Me gustan los Encuentros de Voces por su sencillez y profundidad a la vez.
Un Encuentro de Voces es un método de escucha profunda en grupo creado por la psicóloga colombiana Carolina Nensthiel. Un espacio conversacional seguro y estructurado donde, a través de distintos momentos de diálogo, se va configurando una experiencia colectiva cuidada y sostenida.
La imagen que para mí describe lo que en estos encuentros sucede, es la de una persona echando una piedrita al centro de unas aguas en calma, creando así ondas que van llegando de diferentes formas a las personas que están en círculo alrededor.
Me maravilla el poder que tiene un testimonio individual, que generosamente alquien pone al servicio del grupo, por la resonancia que se da en las personas que lo escuchan; si esta escucha es sin juicio y cuidada claro. Lo que al inicio puede verse como una opinión aislada, se acaba convirtiendo en una voz colectiva, una sabiduría que pertenece al conjunto del grupo.
Eso que yo nombro, lo nombro para todos/as.
Hace poco facilité un Encuentro de Voces con un grupo de mujeres. Escuchamos desde el corazón el testimonio de la persona que quiso utilizar el espacio para compartir una experiencia importante para ella, es decir, lanzó generosamente su piedrita a las aguas en calma. Al preguntar después a las otras mujeres del círculo sobre lo que había movido en ellas aquel testimonio compartido (la onda que les había llegado), una dijo que le había llevado a preguntarse sobre su intención cada vez que habla la primera en los grupos en los que participa.
Me parece interesante llevar esta misma reflexión a los equipos a los que acompañamos en sesiones de trabajo, cuando abrimos rondas para compartir cómo llegamos a la sesión; experiencias, opiniones o aprendizajes después de un ejercicio etc.
Hay personas que dan el primer paso para hablar en el equipo y “quitárselo de encima” porque si no se ponen nerviosas o llevan mal el silencio. Hay personas que comparten su reflexión y/o sentir como acto de generosidad para con el equipo. Hay personas que necesitan escucharse y se olvidan del equipo. Hay personas que prefieren mantenerse en silencio y escuchar con curiosidad. Hay personas que prefieren callarse y no exponerse (no es lo mismo mantenerse en silencio y callarse). Hay personas que calculan el momento en el que intervenir….
En fin, pueden ser muchas y variadas las razones e intenciones detrás de animarnos o no a hablar en grupo (tendríamos temas para muchos posts). Lo que nos gustaría a través de este post es llevar conciencia a esos momentos donde abrimos un espacio de diálogo en equipo:
¿Para qué voy a compartir esto que estoy pensando o sintiendo?; ¿Qué aporta al equipo?; y si me callo, ¿qué pasaría?; ¿Puedo estar privando al equipo de alguna idea, posibilidad?; ¿Puedo estar creando tensión?; ¿Cuánto suma o resta que yo hable ahora?; ¿Soy consciente del efecto que puede tener lo que yo diga en el equipo en este momento?; ¿Cuánto valor doy a mi testimonio?; ¿Lo veo como un acto de generosidad o tengo otro interés?…
Al terminar aquel Encuentro de Voces con el grupo de mujeres, una de ellas dijo que nunca se había planteado el compartir algo íntimo con otras personas como un acto tan poderoso y bello. Porque cuando nuestra vulnerabilidad es acogida sin juicio y desde el corazón, se puede convertir en una fuerza transformadora para el resto de las personas proporcionando alivio, empatía, compresión, posibilidad, fortaleza, inspiración…. Se convierte en un lugar auténtico donde SER con los demás.
No subestimemos, pues, nuestras aportaciones en grupo.
Feliz semana

