Valores: ¿Qué hacemos en la próxima bifurcación?
Judith Castillo
«Éstos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros.», describe bien lo que ha ocurrido con los valores declarados de algunas compañías multinacionales en los últimos meses.
Cambios legislativos en EE. UU. y el nuevo discurso político han llevado a empresas como SAP, Meta, Google, Ford, Walmart, Deutsche Bank y otras a reducir o suspender sus programas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI). Y no sólo afecta a empresas estadounidenses. El gobierno de Trump ha comunicado directamente a compañías extranjeras que deben cumplir sus nuevas reglas si quieren seguir operando con o en EE.UU.
Desde entonces, muchas organizaciones han eliminado objetivos, cuotas o becas; han desaparecido los bonos ligados a esos objetivos; y se han reconvertido o suprimido los puestos o departamentos dedicados a ello. Cambios que se reflejarán de forma concreta en el reclutamiento y desarrollo de personas.
Esto no quita que durante los años en que esos valores guiaron la acción, las organizaciones contribuyeron de forma real a la Diversidad, Equidad e Inclusión tanto internamente como en la sociedad. Por eso no se trata de juzgar, sino de reconocer lo conseguido mientras las políticas estuvieron en vigor.
Hoy en día los mayores catalizadores de la sociedad son las empresas.
No he encontrado datos que permitan hablar con fundamento sobre cuántas empresas continúan y cuántas abandonan, pero ahí donde muchas empresas se pliegan ante la amenaza de perder contratos, otras muchas mantienen su compromiso con los programas de diversidad públicamente: Apple, Lush, Macy’s, Marriott. Y defienden que tener equipos diversos es un valor empresarial con impacto en los resultados.
En caso de realmente abandonar las políticas DEI es probable que el coste de oportunidad sea alto.
En Equilia trabajamos con muchas empresas en torno a sus valores. Lo que está ocurriendo en los últimos meses me ha hecho pensar.
Solemos recomendar a las empresas que antes de declarar unos valores, es bueno elegirlos con consciencia y pocos. Que sirvan para guiar la acción en el día a día. Como somos humanos, según las personas o momentos es más fácil o difícil llevarlos a la práctica, lo que cuenta es seguir en el empeño.
Pero un valor o principio se pone realmente a prueba cuando estamos ante decisiones incómodas o difíciles: cuando hay algo que ganar si lo ignoramos y algo que perder si lo cumplimos.
¿Trabajamos con un proveedor más barato que incumple nuestro estándar medioambiental o de condiciones laborales?
¿Aceptamos que algunas personas que rinden en su trabajo tengan comportamientos que chocan con nuestros principios?
Puede que honrar nuestros valores tenga un precio demasiado alto. Si pone en riesgo a la organización puede que sea una cuestión de supervivencia soltar algunos de nuestros principios.
Puede que el valor fuera accesorio, y la respuesta oportunista.
Lo que da vida a los valores empresariales son las decisiones y comportamientos. La forma en que los vivimos queda grabada en la memoria colectiva e influye en:
- La confianza interna
- La reputación externa
- La cohesión a largo plazo
- Resultados tangibles dentro y fuera de la empresa.
Los valores organizacionales sirven de brújula y dicen a qué damos valor aquí. Mientras los valores encajen con el negocio, no hay dilema. Pero llegarán situaciones que obligan a elegir. Las empresas viven en tensión entre sus principios y lo que les resulta viable.
Por eso vale la pena reflexionar sobre los valores que queremos. No se trata de quedar bien en la web, en los vinilos del pasillo o en las charlas. Se trata de preguntarnos: ¿cuánto pesan estos valores cuando la vía “fácil” o «tentadora» o «sin riesgo» es la otra?
Dicho esto, podemos apreciar el esfuerzo y lo que se ha conseguido mientras los valores han estado en vigor.
¡Feliz semana!