Empezar la ruta con un paso atrás
Judith Castillo
Casi todos los sábados de otoño a primavera voy con un pequeño grupo de amigos a pasar el día en el monte. Llevamos algún picnic sencillo; cada persona tiene alguna especialidad que te gusta y esperas que la traiga ya que más o menos compartimos la comida.
Con estos amigos a menudo recordamos rutas y montes que ya hemos hecho, momentos que nos marcaron, algún paisaje espectacular, una situación hilarante, la foto que da fe de todo ello, en fin, aquellas cosas que, al contarlas nuevamente cada persona desde su perspectiva, generan buen rollo y conexión. Y nos enchufan para la próxima ruta con este mismo grupo.
Con los equipos ocurre algo parecido. Cuando quieren reflexionar sobre su futuro – su propósito, su estrategia para los próximos años o un reto que tienen por delante – suele venir bien empezar por echar la vista atrás. Y que cada persona desde su perspectiva cuente qué hemos conseguido ya juntos; qué baches hemos superado; en qué somos buenos; los momentos que a mí me hacen sentir que (a pesar de todo) mi trabajo vale la pena.
Compartir historias de éxito o momentos importantes no es descansar sobre los laureles ni ensalzarse en glorias pasadas. Es resaltar lo que sí funcionó, lo que nos hizo sentir bien, incluso cuando el ruido y lo negativo ocupan más espacio de lo que deberían.
Diferentes métodos se apoyan en esto: la Indagación Apreciativa, el Enfoque en Soluciones… todos buscan identificar y conectar con recursos o fortalezas (inconscientemente) existentes antes de centrarse en el problema o reto que hay por delante.
Cuando lo utilizamos con equipos no buscamos tanto las claves de cómo exactamente conseguimos los logros en el pasado, sino, y sobre todo, conectar con la emoción, con lo que nos da vida, que es gasolina para el motor. (Esta metáfora tendrá los días contados y me delata como boomer, y aun así…).
Cuando alguien cuenta con emoción lo que funcionó, lo que le salió bien o que disfrutó, sin darnos cuenta, y si tenemos un mínimo de empatía con quien cuenta, quienes escuchamos sentimos un poco lo mismo. Es biología, las mismas zonas del cerebro se activan en la persona que cuenta la historia y en quien la escucha. Aunque sea mínimo, compartimos una experiencia interna, ampliamos la emoción y hay conexión.
Abrir un espacio para escuchar los momentos importantes de las demás personas, sin necesidad de reducirlas a una sola versión oficial, sino para entender qué mueve a cada una, nos carga de energía.
La semana pasada con un equipo, una persona dijo: “Necesitábamos esto”. No se refería a nostalgia. Los equipos necesitan recordar juntos lo que funcionó para revivirlo y disfrutarlo: somos capaces.
Y entonces sí, desde ahí empezar la ruta y avanzar mejor.
¡Feliz semana!

