¿Dices lo que necesitas?
Judith Castillo
Te propongo un pequeño experimento.
Durante las próximas semanas, observa las veces que decides callar una necesidad o un límite personal tuyo.
Trabajando con algunos equipos, me llamó la atención algo que al principio no identifiqué como lo que era.
Equipos majos con los que es fácil trabajar. Son constructivos, quieren avanzar, se ríen, se chinchan un poco, se tienen aprecio, el ambiente es bueno. En las sesiones, incluso con la gerencia presente, se tratan temas espinosos: cómo desarrollar el negocio, qué decisiones no están funcionando. Debaten, toman posición y hay roce.
Y cuando toca cerrar, a menudo alguien dice: creo que estamos bastante alineados. Y lo están. Abren ideas, discuten intensamente y cierran con todo el mundo en el barco, más o menos de acuerdo, pero comprometidos a llevar la decisión adelante. No hay imposición desde el poder ni gestos que marquen jerarquía. Se respetan. Y trabajan mucho.
La seguridad psicológica suele definirse (de manera muy resumida) como la posibilidad de hablar abiertamente sin miedo a consecuencias negativas.
Trabajando con estos equipos, en mi mente ya había puesto un “OK” al ambiente de confianza, de seguridad psicológica.
Hasta que descubrí que había una excepción: cuando se trataba de poner necesidades personales sobre la mesa, les faltaba esa misma confianza que en temas de negocio sí tenían. Pedir una medida de conciliación. Poner un límite en el calendario u horario. Decir que algo ahora mismo no se puede o no se quiere hacer por razones personales.
Parecía difícil verbalizar la necesidad de un mayor equilibrio para una misma / uno mismo. Como si el compromiso estuviera en juego. ¿Podía eso estropear la armonía o lo de “todos a una”?
La seguridad psicológica real no se demuestra cuando todo va bien. Se demuestra justo cuando alguien dice o hace algo que podría ir en contra de “como funcionamos aquí” (aunque nadie haya definido oficialmente esa regla de como funcionamos) y el equipo es capaz de sostenerlo sin convertirlo en una amenaza.
Desde hace unos años se habla a menudo de personas que ya en las entrevistas de trabajo preguntan primero por vacaciones, trabajo en remoto o reducción de jornada. Bien, parece que en algunos equipos de alto rendimiento ocurre lo contrario: pedir por necesidades personales no está muy normalizado.
Si hablamos de medidas de conciliación (y no de pequeños ajustes), es verdad que, especialmente en estos equipos, puede ser un tema complejo. Cuando alguien reduce la jornada o se ausenta un tiempo, el equipo suele asumir más peso, ya que no son puestos fáciles de suplir con refuerzos externos. Y pensar en cargar los/las compañeros/as frena.
Este post es sólo una reflexión y no aporta soluciones, pero si es una organización de cierto tamaño, puede ser útil nombrar una figura que desempeñe el rol de “facilitadora” que ofrece un espacio donde verbalizar este tipo de necesidades en un espacio de primera reflexión y totalmente confidencial.
En los planes de conciliación que hemos puesto en marcha en organizaciones, la creación de esta figura es siempre una recomendación, e incluso una obligación si la organización quiere certificarse como empresa efr.
No verbalizar las necesidades puede tener un coste si se acumula y ahí sí puede generar una brecha en el compromiso con el equipo y la energía para la tarea. (Habrá personas que ahora piensan «lo he dicho mil veces, pero sin resultado.» Ese es otro tema. Aquí estamos en el paso anterior.)
Ahora bien, esto no es un llamamiento a verbalizar todas nuestras necesidades ni a confundir asertividad o la famosa “autenticidad” con peticiones o desahogo constantes. No decirlo, no pedirlo todo no es en sí un problema. Callar también puede ser una elección válida y a veces necesaria.
En la balanza interna que cada cual tiene, lo que cuenta es el equilibrio. No cada vez, pero a la larga.
Si te apuntas al experimento, observa no sólo cuándo callas una necesidad o un límite, sino de qué lado de la balanza cae el peso de esa decisión:
- Del lado “Puedo vivir con ello y en este momento es importante para el equipo. Está bien así esta vez” (si quieres sustituyes equipo por cualquier otro grupo, persona).
- Del lado “Doy más de lo que quiero y eso me causa desgaste”. Y si fuera así, ¿Cuál podría ser la razón por la que no dices lo que necesitas?
Y hasta aquí.
¡Feliz semana!

