No tengo tiempo para pensar
Arrate Iraolagoitia
“No tengo tiempo para pensar. Y aunque planifique en mi agenda una mañana entera para ello con la mejor de mis intenciones, el día a día me pasa por encima y me dedico a atender tantos otros temas urgentes que surgen…”.
Así empezaba una conversación en un equipo que estoy acompañando. Un tema importante para personas en posiciones de liderazgo como es su caso; así que decidimos dedicar un tiempo a conversar y reflexionar juntos/as sobre ello. El objetivo era cuestionar, tomar conciencia y desde ahí mejorar.
Gracias al espacio de seguridad que están construyendo en las sesiones, se animaron con valentía a hablar abiertamente de sus creencias detrás de ese- ‘No tengo tiempo para pensar’. Aparecieron varias:
No darse el permiso para reflexionar porque eso no es hacer y ¡hay tanto por hacer!. La acción es más importante que la reflexión ya que como directores/as son responsables de los resultados.
Temor a la imagen que puedan dar a sus equipos si les ven reflexionando (‘no haciendo nada’) en sus despachos.
Dificultad para parar, leer, estudiar, conversar, tomarse un café con miembros del equipo.
Si finalmente se sientan a reflexionar, la auto-impuesta presión para llegar a un resultado concreto y útil, si no habrá sido una pérdida de tiempo…
Entonces, ¿qué aporta el/la lider respecto a otras personas del equipo, si sólo se dedica a la acción, a ejecutar?¿Para qué está?
Visión, estrategia, cohesión del equipo, escucha, tomar decisiones complejas, abordar conflictos etc. fueron algunas de sus respuestas.
Por lo tanto, además de la acción, el/la líder también necesita dedicar tiempo a la reflexión y al cuidado de las relaciones. Lo que sucede es que la hiperactividad y los resultados (cuanto más inmediatos mejor) son muy premiados y valorados en los entornos de trabajo (en la sociedad en general). Y esta creencia tan arraigada nos puede dificultar el cultivar otras habilidades igual de importantes para el liderazgo.
Reflexión- Acción- Relaciones- se trata de un triángulo cuyos tres vértices están interrelacionados. Como si fuera un taburete de tres patas que, al sobrecargar una de ellas, pierde el equilibrio.
Por eso, nos parece útil hacer una parada de vez en cuando para preguntarnos, tanto a nivel de equipo como a nivel individual:
¿Qué porcentaje de mi tiempo dedico a la Reflexión, a la Acción, a las Relaciones en mi equipo o en mi función de líder?
¿A qué le doy más importancia (cuáles son mis creencias detrás de cada rol: ejecutar, reflexionar, cuidar lo social)?
¿Qué es lo que más promuevo en mi equipo? O ¿qué es lo que más promueve la cultura de mi organización?
¿Cuál de estos tres roles me exigen los retos actuales?
¿Cuál es el rol que más se me pide en mi equipo?
¿En cuál de estos tres roles estoy más cómodo/a?
¿Cuál me gustaría ocupar más?
…
Es verdad que no cambiamos las creencias y costumbres tan instauradas de un día a otro, así que para no frustrarnos y no abandonar en el intento, podemos ir dando pequeños pasos (ponernos pequeñas metas) para crear el nuevo hábito de introducir momentos de reflexión y de cuidado de las relaciones en agendas tan orientadas a la acción.
A esto dedicamos precisamente uno de los capítulos de nuestro podcast EquiliaON – “Si tuviera fuerza de Voluntad”– basado en el libro de James Clear- “Hábitos Atómicos”. En él podéis encontrar pequeños “tips” para ir familiarizándonos e instaurando nuevos hábitos progresivamente en nuestra rutina.
Feliz semana.

