¿Quién pone el pegamento?
Judith Castillo
Hace algo más de quince años acompañamos por primera vez a un equipo de dirección en un coaching de equipo.
En la primera sesión, mientras definíamos el recorrido y los objetivos del acompañamiento, una de las personas del equipo, que voy a llamar Nora, dijo que no tenía claro si debía formar parte de aquel acompañamiento.
En realidad, y tirándole de la lengua, su duda iba más allá y venía de bastante antes: no estaba segura de si debía formar parte del equipo de dirección.
Explicó que, en comparación con los demás, sentía que tenía menos competencia “directiva”. Que las otras personas aportaban más criterio a la hora de tomar decisiones y más visión estratégica, que en general lidiaban con temas de más peso y más pesados. Ella se veía más conectada con los niveles de la organización que estaban por debajo del equipo directivo y no tenía clara su aportación.
Fue tan inesperado, para nosotras que ahí dimos nuestros primeros pasos, pero sobre todo para las otras mujeres y hombres de ese equipo. Hubo una pausa, y luego muestras de aprecio y cariño, pero sobre todo argumentos de “porque sí”, especialmente del director general. Fue muy emotivo. Nosotras nos quedamos observando y aprendiendo.
Mas allá de su conocimiento de la organización y competencia técnica, decían que su presencia en ese equipo era importante porque sabía escuchar, levantaba el ánimo cuando el ambiente lo necesitaba, aportaba chispa y humor, conseguía rebajar tensiones, conectaba, y por su trato cercano y natural hacía de puente con otros niveles en la organización y la dirección.
En el baloncesto hay un nombre para jugadores que quizá no son quienes más puntos marcan, pero cuya presencia hace que el equipo funcione mejor y consiga mejores resultados: “glue guys (glue = pegamento; en el sentido de masilla que une las partes, persona que cohesiona al equipo).
En aquel equipo estábamos sin lugar a dudas ante una “glue girl”.
En las sesiones también
• decía abiertamente que no lo tenía todo claro. Un «no sé» o «no lo veo» sincero
• admitía errores y revisaba sus planteamientos
• daba valor a las aportaciones de las otras personas.
Si suena a comportamientos que influyen en la sensación de seguridad psicológica es porque abren camino para que las otras personas del equipo den el paso a preguntar, discrepar, reconocer un error o plantear una duda.
Obviamente, para que así sea, las personas con mayor influencia en este equipo tienen que acogerlo bien – y eso hacían.
Nora no era consciente de su aportación ni que tenía ese valor para el equipo. Y quizás, hasta que lo pusieron en palabras, tampoco lo eran del todo los demás porque simplemente lo veían como parte de su “personalidad”.
En ninguna descripción de puestos aparecen esas competencias. Son roles informales. No están asignados, y muchas veces no somos conscientes de ellos, ni les damos mayor importancia. Tampoco quienes los desempeñan.
¿Quiénes son esas personas “con roles informales” cuya ausencia notarías inmediatamente en el buen funcionamiento de tu equipo?
¿Se lo habéis dicho alguna vez?
NOTA: no todos los roles tienen que ser amables para ser valiosos, así que podéis incluir a pepita grillo, el contrapunto, la que pone a prueba, etc.
¡Feliz semana!

